sabor a final
Todo toma otra dimensión cuando el final de algo se aproxima, u otras dimensiones -por hablar en plural-. Porque las perspectivas que uno empieza a tener son múltiples y diversas. Se sacan conclusiones, se desechan posibilidades, se abren puertas, surgen nuevas ideas…
Porque eso me ha dado España: multiplicaciones. Porque si consideraba que una cosa podía ser de una determinada manera, ahora lo puede ser de dos o más maneras, y así con todo. Y en todas las reflexiones que surgen, me pregunto si realmente me lo ha dado España, o el crecimiento y el cambio están en uno mismo.
Pero que este país -y esta ciudad en especial- me han dado material para abrir perspectivas, no hay dudas. Hasta he comprendido porqué algunos compatriotas que aquí se instalan resuelven no regresar. Si bien al mismo tiempo entendí también porqué muchos queremos regresar. Como podéis ver, me incluyo entre quienes quieren volver, pues lo que tenemos en nuestros países y ciudades de origen siempre tendrá un valor extra, vengamos de donde vengamos, vivamos en las condiciones en que vivamos.
Y podemos llegar a extrañar cosas insólitas. Como Martín (Hache) que extrañaba los techos bajos, blancos y sin gracia de su barrio; o su padre que extrañaba el que la gente silbase sin razón; o una amiga que siente nostalgia por el olor a asadito que despiden los edificios en construcción o yo misma que “extraño” los autos viejos en los que suena cumbia a un volumen tan considerable que contagia.
Aunque hay otras cosas a las que uno se acostumbra muy fácilmente por el simple hecho de que funcionan bien y son más difíciles de soltar. Esto sucede por ejemplo con el transporte que, no importan las distancias, uno sabe que llegará bien y a horario. Tanto el metro, como los autobuses y los trenes funcionan perfectamente y las carreteras están en buenas condiciones.
La ciudad está limpia. Los jardines se cuidan y se multiplican. En política, las elecciones son transparentes. Los presidentes y políticos responden a preguntas directamente y van a debates. Las innovaciones son constantes. Las inversiones en investigación son impensables para nosotros. El archivo y la memoria se cuidan. El sistema sanitario es prioridad y no hay diferencias para nadie, ni se escatima dinero en él. Los horarios se cumplen. Las normas de tránsito también.
Y así podría seguir con muchas cosas de las cuales debiéramos aprender. Lo mismo que podría citar cosas de las cuales es mejor mantenernos en la nuestra, porque al fin y al cabo es una retroalimentación a la cual espero haber contribuido mínimamente desde mi pequeña ubicación en el mapa.
Hice mucho de lo que quería hacer, hice mucho que no esperaba hacer y no hice mucho de lo que pretendía hacer, lo que también podía suceder. Estas experiencias pueden planificarse, pero luego todo va surgiendo de manera espontánea e inesperada. Y mientras tanto, el tiempo es el principal enemigo. Al comienzo porque no pasa y al final porque pasa demasiado rápido, sin dar lugar a todo lo que uno hubiese querido.
Sin embargo, España te levanta de tu silla lo quieras o no. Todo se mueve tan diferente y a un ritmo imparable que es difícil que uno se quede estancado. Siempre habrá algo por hacer, y gusta tanto que siempre habrá razones por las cuales volver.












